Ushuaia: trekking a la laguna Submarino

trekking a la laguna submarino
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El sábado último, el Valle de Tierra Mayor se veía triste. El humo proveniente del incendio en bahía Torito cubría toda la extensión y teñía de un intenso azul las laderas de la sierra Alvear. Yo, con destino final al río Tierra Mayor me preparaba para un nuevo desafío. Conocer la laguna Submarino.

CAMINATA A SUBMARINO: UN NUEVO LUGAR QUÉ DISFRUTAR

El sábado último, el Valle de Tierra Mayor se veía triste. El humo proveniente del incendio en bahía Torito cubría toda la extensión y teñía de un intenso azul las laderas de la sierra Alvear. Yo, con destino final al río Tierra Mayor me preparaba para un nuevo desafío. Conocer la laguna Submarino.

Inicié pasadas las 15, desde la confluencia del río y un arroyo que baja de la montaña. La tarde estaba ideal para hacer el sendero, aunque el olor a humo persistió unos cuantos kilómetros recordándome la tragedia que vive Tierra del Fuego. Indignado volví a concentrarme en el camino.
Por el lecho del arroyo comencé a caminar y pronto a subir. De a ratos se encajona entre la piedra y la densa vegetación de ésta parte del bosque. La este sistema de montañas, arroyos, ríos y bosque forma parte de la sierra Sorondo. La cámara nuevamente comenzó a ser protagonista.
Pronto logré dar con el primer salto de agua. Entre las piedras, se escurre por las ramas y troncos y da lugar a una bellísima postal. Única e irrepetible. A estas alturas, la ansiedad por llegar se hace más intensa y atravieso por el arroyo casi corriendo.
El frio de mis pies pasa inadvertido, el paisaje describe cientos de formas, miro hacia atrás y comienzo a ver cuánta altura alcanzo. Por mi cabeza pasan muchos pensamientos, me alegro por estar en un lugar nuevo. Descubrir algo no conocido genera mucha adrenalina. Indudable.
Cuando promediaba la caminata, decidí subir al bosque. Fue por un enorme salto que no me permitía acceder más arriba, las paredes eran lisas en la piedra. Ahí fue cuando escuché voces. Más adelante me cruce con una pareja de senderistas. Dialogué con ellos brevemente para saber sobre el camino. Me aclararon que podía seguir las “marcas” que había en algunos árboles, pero que por el renoval a veces era inaccesible.
Bien. Si hay sendero, dejo el agua y voy por el bosque, determiné. Así la marcha se aceleró bastante y pude apreciar desde lo alto, un salto de agua hermoso. Caía desde un balcón en el arroyo y al llegar, una pequeña laguna recibía la pureza del agua. El sonido, intenso.
Debo confesar que la pendiente se comenzaba a notar. Ganaba altura y el arroyo cada vez se oía menos. El bosque no es tan tupido como en Remolino, pero de todos modos tenía que rodear troncos, saltarlos y tener mucho cuidado. No es una senda muy visitada, el bosque se regenera y tapa el sendero, por lo que con el bastón iba cerciorándome del terreno.
Comencé a ver más adelante un blanco en medio del bosque. Se trataba de una castorera activa. Los troncos grises pero aun de pie, estaban anegados por la represa. Su propietario nadaba por las aguas sin molestarse por mi presencia. Era de un pelaje mas claro que otros. Solo él se mostraba.
Continué la caminata y a lo lejos pude ver el salto de agua más alto que hay en el lugar. Llega a los 10 metros, aproximadamente y se abre, formando una fotografía sensacional. A sus pies, una enorme laguna invita a refrescarse. Es hora de cargar las botellas de agua fresca y tomar más postales del lugar. Otros 5 senderistas también disfrutan del paisaje.
Luego del descaso, continué la caminata. Sólo por la derecha de la gran cascada podía seguir. Las marcas del sendero desaparecen y de pronto, me encuentro con una pared verde absolutamente vertical. ¿Y ahora? Desgraciadamente no me percaté de fotografiarla, me entretuve imaginando como sortear ese escollo.
Por fin resolví trepar la ladera y alcanzar algunas ramas de lenga y asirme con ellas. Mis borceguíes no tienen buena suela, de modo que con la vegetación me resultó muy difícil llegar. Alcance una especie de cornisa y busque la pared sin vegetación, solo piedra laja y empecé a subir.
Al fin llegué y pude ver que el límite de vegetación estaba cerca. La forma del cerro Submarino se aprecia mucho mejor, su silueta es más clara y comienza a notarse su tono rojizo. ¡Tantas veces mirarlo desde la ruta 3 y ahora estar a un paso! Bueno, unos cuantos pasos, pero mucho más cerca.
Ahora solo me quedaba atravesar un manto verde y comenzar a caminar sobre una ladera a 45º. Es ahora cuando me pregunto qué hago. Nada. Ya estoy bailando y, parece, soy muy bueno. Mi propósito era llegar hasta la piedra y observar el panorama.

Luego de caminar, tomarme con las manos de la montaña y respirar profundo, pude llegar. Descansé y abrí bien mis ojos. Lo que apreciaba era mucho mejor de lo que me esperaba. El cerro Submarino y otro, que está a su izquierda, son enormes. Es en ese momento cuando me sentí un grano de nada. Giré hacia el noreste y la sierra Alvear se divisaba detrás de la maldita cortina de humo. Aún así, la visión era hermosa.
Decidí merendar en el lugar, tomar algunas fotos y disfrutar del silencio. Gracias a la cercanía del complejo invernal, la señal de celular me permitió avisar a los míos que todo estaba bien. Yo tomando agua a 676 metros sobre el nivel del mar.


Cuando me sentí recuperado, tomé mis cosas y emprendí el último y más corto tramo. Bajar la montaña y atravesar el valle de piedras hasta la laguna.

En un pequeño brazo del arroyo principal volví a cargar de agua fresca y retomar el camino. Ya no hay senda, no hay marcas de ningún tipo. Parece que nadie visitó ese lugar, aunque Google Earth y Panoramio dan cuenta de lo contrario.

Y por fin accedo a la laguna. Describe una forma extraña, el fondo es verdoso y hay unos pequeños insectos que nadan y caminan sobre las piedras en su interior. Nunca los había visto, son negros, pequeños y… muchos.

En el lugar no me quedo mucho tiempo, sin lugar a dudas la vedette de este sendero es la gran cascada que dejé atrás. Sin embargo, el lugar es fantástico. Al fondo, un breve glaciar brinda el agua que bebí antes, el cerro se ve más rojo que a lo lejos, las piedras y la ausencia de vegetación le dan un misterio encantador. Por fin llegué.
Realmente contar cómo fue el regreso, sería absurdo. Luego de cuatro horas de caminata, reconozco, me pongo algo insoportable. De modo que solo agregaré, que llegar a Thunder me demandó dos horas. Fui en medio del bosque siguiendo las intermitentes marcas de la senda.

Conocer el cerro y laguna Submarino fue intenso, dramático en algunos momentos, pero sobre todo renovador. Ahora, cuando casi es medianoche en Argentina, recibo mails actualizando sobre lo que sucede en bahía Torito, y solo siento vergüenza por la desidia y falta de respeto de algunos habitantes de ésta tierra.

Queremos agradecer esta crónica a R. Andrés Toledo (@momentostdf), autor del sitio Momentos en el Fin del Mundo, a los que recomendamos seguir.
Momentos en el Fin Del Mundo es un sitio de interés general, relacionado con aspectos tan disímiles de la Tierra del Fuego, como la historia, geografía, biología, fotografía, interes general y turismo; logrando amalgamar todas ellas para dar a conocer uno de los lugares más hermosos de Argentina y del mundo.

 

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