Senderos para el deleite en El Chaltén

Conocida como “Capital Nacional del Trekking”, la localidad cuenta con decenas de circuitos que llevan a codearse con los paisajes más sublimes de la Patagonia. La estampa del Fitz Roy, bosques, lagos y glaciares. Una nota de El Diario.

El pueblo es pequeño, callado, simplón. Pero en los alrededores, se hincha. Lo hace gracias a la naturaleza (cuando no), milagro que se aprecia como en ningún otro lado gracias a una serie de circuitos que llevan a comulgar con los cerros inmensos, con los ríos cristalinos, con los bosques, con las piedras. Por algo es la Capital Nacional del Trekking, por algo lo vienen a ver desde todos los rincones del mundo. Se llama El Chaltén y queda en los fondos del país, al suroeste de Santa Cruz.
Montaña que fuma

Hay un elemento que siempre se ve, no importa por qué parte de la localidad uno ande deambulando. Entre las casitas bajas, el viento que dura todo el año, el horizonte se empeña en dictar Fitz Roy. Originalmente llamado Chaltén (“Montaña que fuma”, según los tehuelches), este espectacular cerro de 3.400 metros de altura embelesa. Simplemente porque es hermoso, con su cúspide puntiaguda que da idea a desafío. Eso mismo piensan los miles de escaladores llegados de todo el planeta que se acercan a acariciarle la cima. Considerada como una  de las montañas más difíciles de domar sobre la tierra, son casi un centenar los aventureros que han perecido en el intento.
Menos ambicioso, el viajero convencional se conforma con contemplarlo desde abajo, el resto de la cordillera acompañando. Para evaluarlo más de cerca, se pone a andar. La lista de senderos es bien extensa (una exploración completa y sin prisas demanda al menos un par de semanas). Sobran los nombres de las pistas, títulos escogidos según los destinos a los que llevan: Chorrillo del Salto, Laguna Torre, Glaciar Piedras Blancas, Laguna Torre, Laguna de los Tres… con estos dos últimos títulos nos quedamos, y vamos.

El Chaltén, senderos para el deleite

El Chaltén, senderos para el deleite

El Torre y los Tres

Primero probamos la laguna Torre. Con los ojos en el oeste del pueblo, el Parque Nacional Los Glaciares da la bienvenida. Hay que meterse nomás y siguiendo las huellas empezar a deleitarse. Imponente el camino, que va cambiando de ambientes de forma repentina y encantadora. Primero meseta y bosque, después bajada hacia el río furioso, piedras bien blancas a los pies y cielo abierto. Más tarde vuelve el follaje, los árboles altísimos y otra vez el sol y el celeste reinando. Picos nevados al frente  y a los costados (Chaltén presente, claro), laderas que vienen multicolores. Dos horas después, surge el glaciar Torre, y la laguna que lo precede. Salvaje y aislado, el cuadro se agradece.
Al día siguiente, hay que prepararse para lo mejor. La Laguna de los Tres nos espera a tres horas del centro. Más de patear, con imágenes tan o más cautivantes que las obtenidas en la jornada anterior. La última media hora es de empinada subida y la recompensa por el esfuerzo, por decidirse a tutear con la Patagonia más auténtica, es soberbia: una gigante y rectangular pileta celeste, pero muy celeste, se asoma al fondo, con unos pocos afortunados contemplando desde un balcón natural. Está lejos y cerca, protegida por los tres cerros-aguja que le dan nombre: el Fitz Roy, el Poicenot y el Saint Exupery.
Tras la experiencia, bien viene volver esos 30 minutos, ahora en bajada, e instalarse en el camping agreste (unos de los tantos que residen en el Parque Nacional). La carpa está acompañada del fuego, de las emociones vividas y del Chaltén, humeante de nubes.

Fuente y foto: El Diario

Dejá tu comentario +

2 Comments

  1. Y sí, la lluvia puede convertir en miserable una salida de este tipo, pero es uno de los riesgos. Saludos!

  2. shanti shagarkanda

    hermosa foto, lugar TOP con un clima complicado, considerate afortunado si lo visitas y te toca algun dia de sol, sin lluvia o frio. 3 dias sin dormir en mes de enero (2003) por el frio.

Dejá tu respuesta

* Required Fields.
Your email will not be published.