Trekking con raquetas en el refugio Neumeyer

Nos pasaban a buscar tempranito ese día, ibamos a hacer un trekking invernal por el valle del Challhuaco, así que desayunamos abundante y salimos a la calle. Para las 9 estabamos en el Club Andino Bariloche esperando el transporte que nos llevaría hasta el refugio Neumeyer. Nuestro transporte, una 4×4, fue conducida por Clemente Arko, quién es a su vez refugiero en el Neumeyer. Durante los siguientes 45 minutos, Clemente nos enriqueció el viaje con una acabada descripción de innumerables detalles sobre la región.

Ya en la ruta 258, la que va para El Bolsón, y unos 3 km mas allá, llegamos a un cruce en el que giramos a la izquierda, tomando un camino empedrado que es el que nos llevaría hasta el refugio. En ese cruce, Clemente se detiene unos instantes y nos describe el entorno. Estamos rodeados de un hermoso paisaje montañoso que comienza por el cerro Otto a la derecha y lo suceden hacia la izquierda, el cerro Catedral, cerro Ventana, cerro Meta, cerro Ñireco y cerro Carbón. Clemente nos cuenta que, en días despejados se puede apreciar el hueco que le da el nombre al cerro Ventana. Está ubicado sobre el filo de la montaña, en el punto donde ópticamente se junta dicho cerro con el cerro Catedral. Lamentablemente el día no ayuda, así que solo nos quedamos con el dato.

Refugio Neumeyer nevado, inicio del trekking con raquetas

Refugio Neumeyer nevado, inicio del trekking con raquetas

Nos ponemos en marcha de nuevo, recorriendo una planicie de unos 3 km, denominada Pampa de Huenuleo (proviene del mapuche, y se traduce como La Vía Láctea). En la margen izquierda del camino nos viene acompañando el río Ñireco, que se forma por la confluencia de los arroyos Challhuaco y Ñireco. Continuando nuestro paseo cruzaremos varias veces el arroyo Challhuaco, dado que el camino recorre el fondo del valle. “Challhuaco” es una palabra indígena que se traduce por “arroyo del pescado”, aunque en la actualidad no hay pesca que pueda entusiarmar demasiado a los pescadores. Lo que si tiene de único este valle es que aquí crece una especie endémica de rana, popularmente llamada “ranita del Challhuaco“. El término “endémica” refiere a que esta especie solamente vive en esta zona (y particularmente en la zona de la Laguna Verde) y en ningún otro lugar del planeta. Unos 11 kilómetros más adelante el paisaje cambia, ya que ingresamos a un bosque de lengas. Ya hemos ascendido hasta los 1.050 metros sobre el nivel del mar y llegaremos a los 1320 metros, en los que se encuentra el refugio mismo.

Ya en la playa de estacionamiento del refugio, y luego de habernos tomado un café caliente, nos preparamos para la primera parte del recorrido. Esta etapa será un trekking común hasta la laguna Verde, a la que encontraremos congelada, salvando un desnivel de unos 200 metros . La segunda etapa es la caminata con raquetas. Nuestro guía, de vestido de un rojo violento, nos pone en marcha. Caminamos por el sendero, que serpentea por alto bosque de lengas, cargadas de nieve. Abundan las señales de la actividad de pájaros carpinteros en los troncos, pero no se escucha a ninguno durante nuestra marcha. Es notable como el bosque y la nieve aplacan los sonidos, y a la vez los hacen más nítidos. Es una mañana hermosa para la caminata. Si hiciera falta algo más para destacar que estamos en un lugar como pocos, el guía nos llama la atención sobre las “barbas de viejo” que se apoyan en cada lenga del bosque, y sobre todo en su cantidad. Es que estos vegetales son muy sensibles a la pureza del aire que los rodea, y si la misma no fuese la óptima, sería imposible sostener una población como la que vemos. Otra parada y explicación de nuestro guía se da cuando encontramos un coihue con un llao llao (muy dulce, o muy rico en mapuche) adherido. Este es un hongo comestible, también conocido como pan de indio, que crece adherido a ñires o coihues.

Luego de pasar por un punto del sendero desde el que se puede ver una amplia zona de la estepa patagónica, y de pasar por una pequeña lagunita congelada (el mallín de los patos), podemos ver desde arriba la laguna congelada. Y unos pocos minutos mas tarde, estamos pisando el hielo de su superfie. Aquí hacemos una nueva parada. Nuestro guía nos cuenta de la famosa ranita endémica, mientras un grupo esta iniciando una pequeña batalla con nieve. Finalmente, el grupo se divide. Una parte vuelve por dónde vinimos, mientras que nosotros nos preparamos para la segunda parte, la de la caminata con raquetas.

Raquetas de nieve, la mejor manera de caminar en la nieve

Raquetas de nieve, la mejor manera de caminar en la nieve

Antes de la caminata en sí misma, un poco de prueba. Las raquetas son un gran medio para desplazarse caminando sobre la nieve, ya que distribuyen el peso del cuerpo en una superficie mayor a la del pie normal. El pie, de esta manera, no se hunde en la nieve, y el paso es entonces mas cómodo. Pero caminar con algo de ese tamaño en los pies requiere un poquito de acostumbramiento, así que somos testigos y protagonistas de algunos revolcones en la nieve. Despúes de algunos minutos de práctica y risas, seguimos con la caminata.

Cruzamos la laguna y nos ponemos a bajar. Sientiendo nuestras respiraciones rápidas cruzamos el bosque nevado, en direccion general al refugio. Hay mucha nieve acumulada, y en algunos sectores se siente mas blanda que en otros, y nos hundimos en ella incluso a pesar de las raquetas. El guía nos destaca algo: la nieve, acumulada de forma más o menos pareja, borra rasgos distintivos del bosque, lo que podría confundirnos en caso de andar solos por ahí (cosa que ha pasado). Todo en el bosque es el blanco de la nieve y el marrón que contrasta. Nosotros seguimos caminando, cada tanto sopla el viento y se descuelga de los árboles una pequeña nevada.

Finalmente, salimos nuevamente al sendero inicial, que esta vez nos llevaría al refugio. Nos quitamos las raquetas, y disfrutamos los últimos minutos de la caminata pensando en el almuerzo que compartiríamos al llegar. Una muy agradable conclusión, para una maravillosa caminata invernal.

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