Sendero al coihue Abuelo

Primavera en Villa La Angostura

Sin dar muchas precisiones, como al pasar, los pobladores de Villa La Angostura revelan a sus visitantes que 13 kilómetros al norte de la Villa, en el Brazo Ultima Esperanza del lago Nahuel Huapí, el bosque andino cobija un tesoro único: el Coihue Abuelo. Plantarse cara a cara con ese prodigio de la naturaleza —enfatizan los lugareños— serena el espíritu y sacude los sentidos.

Pero los angosturenses se quedan cortos. Las sensaciones gratas se disparan mucho antes de dar el último paso del circuito de trekking de dos horas. Todo lleva a suponer que este rincón incomparable de Neuquén sólo puede deparar placeres: estamos inmersos en las entrañas del Parque Nacional Nahuel Huapí, a apenas un kilómetro del cruce de caminos del que despega la espectacular Ruta de los 7 lagos y la lluvia persistente empapa por igual a turistas, plantas, aves y playitas de piedras. Es decir, estimulado por el agua, el bosque muestra toda su exhuberancia. La caminata, que culmina a los pies del árbol erguido desde hace cinco siglos, se inicia al borde de la banquina de ripio pegada a la pavimentada ruta 231. Un sendero asciende entre cañas colihue bien macizas, arrayanes y árboles coihue. El suelo siempre húmedo se oculta bajo un manto de musgos, líquenes y helechos y los primeros troncos perforados anticipan la presencia de pájaros carpinteros. Por un rato, la lluvia descorre su velo y decenas de chucaos y rayaditos sueltan un concierto de trinos agudos.

De tanto en tanto, la guía Ursula Schuch anuncia la llegada a pampitas, claros de césped y árboles bajos donde los pioneros mapuches se dedicaban a sembrar. La segunda parcela despejada es un mallín (suelo muy inundable), que exhibe las franjas verdes perfectamente delimitadas sobre la ladera de la cordillera: en la base, el fosforescente claro de los ñires; más arriba, el color se oscurece con un compacto monte de coihues y una alfombra de lengas colorea las alturas opacadas por los manchones grises de las nubes. La vista va y viene sin dejar de regodearse. Abajo, musgos y líquenes se abrazan a los palos a pique de los restos de un corral y el amarillo de las retamas acentúa los tonos vivaces del suelo, un tapiz de margaritas y frutillas silvestres que merece ser pisado con cierta delicadeza.

El coihue Abuelo

El coihue Abuelo

Desde un montículo que deja ver el barniz celeste del Brazo Ultima Esperanza, retomamos el rumbo hacia el coihue anciano, al tiempo que una bandada de tordos hace equilibrio sobre las puntas pinchudas de plantas micha, de hojas verdes muy duras. La vegetación no da respiro y enseguida introduce en un túnel de cañas coihue. Todo se ensombrece y los enormes árboles toman distancia. A un costado, la melodía de un arroyo escondido bajo la espesura silencia los pájaros y —amablemente— acompaña a los senderistas hasta el final del pasaje techado. Entonces, el bosque parece reverenciar al Coihue Abuelo: musgos y líquenes se acomodan sobre la corteza sin deteriorar su tersura gruesa, un árbol más joven lo sostiene a manera de firme bastón y un gigantesco entrecruzamiento de troncos le garantizan humedad. Una ajustada síntesis del equilibrio que domina el bosque.

A unos metros, la discreta presencia de una laguna confirma que se trata de un día de suerte: generalmente solitario y quieto, justo hoy el espejo sin nombre es agitado por un par de cisnes, que se deja llevar por la corriente. En este cuadro perfecto, apenas se mueven la pareja de cuellos negros y picos achatados y el agua verde salpicada por la llovizna.

Atinadamente, el bosque pone freno al viento del Pacífico y regala una playa muy reparada en el brazo bautizado Ultima Esperanza, todo un despropósito para este sitio, que —paradójicamente— agita las mejores ilusiones mientras es contemplado, tal vez, durante horas. Es que aquí la noción del tiempo se diluye desde muy temprano, ni bien uno se deja seducir por el bosque.

EL MIRADOR – Por Rodrigo Tognoli, Guía de Parques Nac.

El bosque del Brazo Ultima Esperanza es un lugar mágico que representa acabadamente la flora y la fauna cordillerana. Define a la perfección los territorios del ñire, la lenga y el coihue y hasta permite palpar en sus claros la presencia de fuertes vestigios de cultura mapuche. Cuando llueve, lejos de incomodar, las gotas caen como un bálsamo y llenan de perfumes el ambiente. En el centro de ese lugar encantado, el Coihue Abuelo muestra de qué manera la naturaleza se acomoda al paso del tiempo: el bosque lo protege de los vientos del Pacífico y un árbol joven le sirve de bastón. No hay nada mejor que escuchar el silencio en ese sitio, que permite sentirse en un parque nacional perfecto.

A FAVOR
Senderos bien señalizados. La excursión de trekking por el Brazo Ultima Esperanza es muy completa y fácil de realizar para gente inexperta.

EN CONTRA
Hay gente que llega en lancha y altera la tranquilidad del bosque y de otros turistas.

Fuente y foto: Clarin.com

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Mapa de senderos de la zona norte del PN Nahuel Huapi - www.senderospatagonia.com.ar

Mapa de senderos de la zona norte del PN Nahuel Huapi

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