Sendero a las cascadas de Ñivinco

Posted on May 16 2010 by El Caminante

Estando acampando un verano en San Martin de los Andes, nos habian hablado de unos saltos de agua conocidos como Cascada Ñivinco. Eran unos cinco saltos, en el río nombre, que se encontraba en la seccional Villarino del Parque Nacional Nahuel Huapi. Picados por la curiosidad, nos pusimos a buscar alguna info con la Colorada, porque no nos la habian mencionado en las oficinas de turismo. Y como en esa época soliamos ir para donde nos llevara el viento (o como en este caso, los comentarios de aquellos con quienes nos cruzabamos), recolectamos datos y nos fuimos.

Primer salto de la cascada Ñivinco

Primer salto de la cascada Ñivinco

Cargamos el Corsita y salimos de San Martín, encarando la bellísima Ruta de los 7 Lagos (la ruta 234) para el lado de Villa La Angostura y disfrutamos la vista, hasta pasar el puente metálico sobre el río Pichi Traful. Sabíamos que había un cartel que nos indicaría la salida, a mano derecha, hacia el inicio de la senda. Efectivamente, unos kilómetros mas adelante encontramos el desvio, y lo seguimos hasta que llegamos aun sector abierto cerca del río, donde un cartel del parque nacional nos invitaba a estacionar.

Quienes nos habían contado sobre el sendero nos sugirieron tomarnos medio día para hacerlo, avisandonos de que los paisajes nos invitarían a sentarse y disfrutarlos, asi que salimos preparados para eso. Preparamos las mochilas con los usual para estas salidas, agua (mucha, aunque podriamos recargar en el trayecto), los termos con agua caliente para el mate, Criollitas, manzanas y bananas, barras de cereal, el protector solar, los lentes de sol, y algo de abrigo, porque soy friolento, y prefiero ir sacandome abrigo que padecer por no llevarlo.

Otra salto del Ñivinco

Otra salto del Ñivinco

De arranque nomás vadeamos el arroyo (con las sandalias que van tambien en la mochila, para estos casos), y luego seguimos el sendero por donde nos indicaba el cartel. Mas adelante veriamos que la senda esta marcada en amarillo, en arboles y piedras, como para seguirla, sobre todo en los (pocos) sectores en que podrían presentarse dudas. De a poco el sendero va metiendose en un mallín donde abunda el ñire, y luego caminamos entre cañas colihues, casi siempre a la sombra y frescos. En el bosque se puede escuchar cada tanto el picoteo de los carpinteros (y con suerte, ver alguno en plena tarea), y el vuelo de los tabanos (que bicho molesto!). De los árboles cuelga “barba de viejo”, una especie que indica la pureza del aire en el bosque, según nos contó en otro momento un guardaparque de Lago Puelo. La caminata es cómoda, y se disfruta el paseo. El sendero se acerca al río, y luego vuelve al bosque. Encontramos algunos desniveles en los que se han colocado troncos, a modo de escalones, que facilitan el recorrido.

Una media hora despues de iniciada la caminata, y a medida que nos acercamos al primer salto, ya empieza a escucharse el sonido que hace el agua al caer. Y ese recuerdo se encadena con el nombre de la cascada, ya que en mapuche, Ñivinco significa “susurro de agua”. Claro que ese susurro inicial va subiendo gradualmente de nivel a medida que nos acercamos al salto, al que finalmente llegamos despues de unos cincuenta minutos de caminata. Nos encontramos con una playa de piedra desde la que se ven dos vertientes del arroyo, que caen en un mismo piletón, donde tienta pegarse un chapuzón, cosa que yo hice. Y si, un poco chiquilín, pero es imposible no sentirse a gusto haciéndolo, incluso a pesar de la temperatura del agua. La cascada tiene aca un salto que deben ser unos diez metros, y un ancho de unos treinta, y después del chapuzón, nos sentamos a tomarnos unos mates mientras nos secabamos.

Después seguimos hacia los otros cuatro saltos, para lo cual vadeamos el Ñivinco y subimos con la ayuda de unas piedras planas. Acá el sendero ya toma un poco más de pendiente, pero no resulta para nada incómodo. El lugar es simplemente increíble, para disfrutar por horas en las terrazas que se forman, así que hicimos otra parada más para hacerlo en compañia del mate, y luego pegamos la vuelta para retomar brevemente la ruta 234 para el lado de San Martín de los Andes, pero solo para llegar al camping que esta en la desembocadura del Pichi Traful.

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